Octubre 2010
segunda época
CONTROL INTERNO - GOBIERNO CORPORATIVO - ADMINISTRACION DE RIESGOS - FRAUDE
 
Informe de ACFE sobre el fraude corporativo – edición 2010
Por Raúl Saccani, Gerente de Forensic de KPMG en Argentina
 

Cuando ACFE publicó su primer Informe a la Nación sobre el Fraude Corporativo en 1996, abrió un nuevo campo en la investigación académica anti-fraude, ya que incluyó un análisis de los costos, las metodologías y los defraudadores en organizaciones de los EE.UU.

En la presente edición de 2010, por primera vez, los datos que ayudaron a construir el Informe fueron obtenidos de casos de fraude ocurridos en todo el mundo. Esto refleja la verdadera naturaleza universal del fraude corporativo.

La información contenida en este estudio se basa en 1.843 casos de fraude reportados por los CFE (Certified Fraud Examiners) que los investigaron. Estos ilícitos ocurrieron en más de 100 países en 6 continentes, y más del 43% tuvo lugar fuera de los EE.UU. Quizás lo más interesante acerca de los datos obtenidos es la consistencia que verifican los patrones de fraude a lo largo del mundo. Si bien las regiones presentan distintos matices, para la mayoría el fraude opera en forma similar, más allá de que ocurra en Europa, Asia, Sudamérica o los EE.UU.

Resumen ejecutivo

- Los respondentes de la encuesta estimaron que una organización típica pierde un 5% de sus ingresos anuales producto del fraude. Si se aplica este porcentaje al producto bruto global estimado de 2009, se traduce en una pérdida potencial de más de 2,9 billones de dólares.

- La pérdida media causada por fraudes se ubica en US$ 160.000, mientras que un cuarto de los casos involucraron pérdidas que superaron el millón de dólares.

- La duración media del fraude antes de ser detectado fue de 18 meses.

- Por un amplio margen, la apropiación indebida de activos fue la tipología de fraude más común, representando el 90% de los casos, aunque con una pérdida media de tan solo US$ 135.000. El fraude a los estados contables se ubica en el extremo opuesto, causando una pérdida media de más de 4 millones; por lejos el más costoso. Los casos de corrupción y soborno caen en el medio, representando casi un tercio de los casos y causando una pérdida media de US$ 250.000.

- El fraude tiene más probabilidad de ser detectado por el reporte de un empleado que por cualquier otro medio. Este indicio se repite en forma consistente desde el informe de 2002, cuando se empezó a consultar sobre los métodos de detección del fraude.

- Las pequeñas organizaciones sufren los efectos del fraude en forma desproporcionada, ya que carecen de suficientes controles en comparación con las grandes corporaciones. Esto hace que las compañías de menor envergadura sean más vulnerables al fraude.

- Las industrias más afectadas han sido las de servicios financieros, las de manufactura y la administración pública.

- Los controles antifraude parecen reducir tanto el costo como la duración de las maniobras. ACFE revisó la efectividad de 15 controles típicos y observó que las empresas que los ponen en práctica tuvieron pérdidas significativamente menores y una reacción más ágil que sus pares que no los practican.

- Los defraudadores de alto nivel jerárquico causan el mayor daño. En promedio, el costo de los fraudes cometidos por los ejecutivos es tres veces mayor que los que cometen los gerentes y nueve veces mayor que los de los empleados. También llevó más tiempo detectar la maniobra.

- Más del 80% de los fraudes fueron cometidos por individuos de alguno de los siguientes departamentos: contabilidad, operaciones, ventas, comité ejecutivo, servicios al cliente y compras.

- Más del 85% de los defraudadores no tenía antecedentes de conductas similares previas, lo que resulta consistente con los estudios anteriores.

- Los defraudadores dan indicios de que están atentando contra la organización al llevar un nivel de vida por encima de sus posibilidades (43% de los casos) o al evidenciar problemas financieros (36% de los casos).

Conclusiones y recomendaciones

- El fraude corporativo es un problema global. Si bien los hallazgos difieren levemente a nivel regional, la mayoría de los resultados son consistentes respecto de las tipologías, las características de los defraudadores y los controles para detectarlos, independientemente del lugar donde ocurrió el fraude.

- Los mecanismos de reporte interno de irregularidades son un componente crítico de un programa efectivo de detección y prevención del fraude. Las organizaciones deberían implementar líneas éticas para recibir reportes, tanto de fuente internas como externas. Estos mecanismos de reporte deberían asegurar el anonimato y la confidencialidad del reportante. Asimismo, se debería alentar a los empleados a tomar esta actitud, alejando el temor a ser perseguidos luego de hacerlo.

- Las organizaciones confían demasiado en las auditorías. Si bien las auditorías externas son el método de control más extendido, evidencian resultados pobres respecto de la efectividad en la detección del fraude. Las auditorías pueden colaborar significativamente en la prevención de estas conductas, pero deberían complementarse con otras herramientas para mejorar su desempeño a la hora de detectar las irregularidades.

- La capacitación de los empleados es la piedra fundamental del sistema de prevención y detección del fraude corporativo. Siendo que los reportes internos han probado ser una herramienta efectiva para ello, los empleados deberían entrenarse para reconocer una conducta irregular en forma temprana, cómo esta acción afecta a la compañía y cuáles son los pasos que deben tomarse para reportarla. Aquellas organizaciones que capacitan a su personal y ejecutivos en estos temas han reportado menores pérdidas por casos de fraude.

- Las auditorías sorpresivas han probado ser efectivas, pero no son una herramienta de uso regular. En efecto, menos del 30% de los respondentes realiza este tipo de auditorías. Las que sí las realizan han reportado menores pérdidas y mayor agilidad en la detección. El potencial más importante de las auditorías sorpresivas está en la prevención, ya que generan en el defraudador la percepción de que puede ser detectado. En términos generales, quien comete una conducta irregular lo hace a sabiendas de que no será descubierto. Este tipo de auditorías incrementan el riesgo percibido por el defraudador y, por lo tanto, se presentan como una herramienta de gran valor desde el punto de vista de la prevención.

- Las compañías más pequeñas son especialmente vulnerables al fraude. En general, estas organizaciones tienen menos recursos para ejecutar controles, por lo que deberían enfocar sus esfuerzos en aquellos que resulten eficientes, como las líneas éticas y un claro mensaje a sus ejecutivos.

- Los controles internos en solitario no alcanzan para prevenir el fraude en forma efectiva. Si bien es importante para las organizaciones contar con controles antifraude, estos no podrán prevenir todas las conductas ni tendrán capacidad para detectar todos los fraudes en el momento en que ocurren.

- Los indicios que muestran los defraudadores, al vivir por encima de sus posibilidades por ejemplo, difícilmente podrían ser detectados por los controles tradicionales. Los auditores y los empleados deben entrenarse en la detección de estos indicios ya que pueden ser la clave para detectar las irregularidades.

- Dado el alto costo que implica el fraude en las organizaciones, deberían implementarse programas de prevención efectivos que incrementen la percepción del control y, por ende, disuadan a los defraudadores de iniciar la conducta irregular.

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  -Informe de ACFE sobre el fraude corporativo - edición 2010
  -El fraude y otras amenazas al sistema financiero latinoamericano
  -El ARTE de administrar riesgos
  -Benchmarking Internacional 2009 - Gerenciamiento de la Auditoría Interna
   
   
   
   
   
   
   
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