En tiempos de Crisis Autor:
Rusell A. Jackson
Los auditores
internos pueden proveer a las organizaciones una
línea de salvataje antes de que el desastre las
golpee, examinando el negocio, los esfuerzos que
se hagan para su continuidad, y ayudando a sus
clientes a prepararse para lo peor.
Rusell A. Jackson
Las oscuras olas de la inundación que emergió de
las márgenes del río Mississippi en el pasado
año, amenazando destruir las cosechas en esa
región de los Estados Unidos, crearon imágenes
de devastación e impotencia que nadie que las
haya visto las podrá olvidar. Nuevas familias
sin hogar se han encontrado con lo que quedó de
sus pertenencias, con muchos de sus bienes
terrenales arruinados por las aguas, y muchos
otros simplemente arrastrados para siempre. El
dolor y el sufrimiento a ese nivel es difícil de
apreciar, y a menudo, mucho más difícil de
anticipar.
Cientos de miles de familias en China comprenden
cuán dolorosos y traumáticos pueden ser estos
desastres, y cómo parece imposible avistar un
mañana libre de la miseria que traen. Un
gigantesco terremoto golpeó la provincia china
de Sichuan en Mayo del 2008, dejando 35,000
muertos, cientos de miles de heridos y quizás
millones de personas sin hogar, según la Cruz
Roja. El sismo de 7.8 grados de magnitud también
derrumbó casas, negocios y tal vez lo más
trágico de todo, escuelas enteras como sepulcros
de muerte y destrucción. Más aún, las noticias
de la región mostraron que el suministro
eléctrico, las carreteras y las comunicaciones
fueron cortados, nuevamente, para más de un
millón de sobrevivientes. Llevará meses y años
para que la vida de estas personas retorne a su
normalidad.
Y probablemente llevará el mismo tiempo para el
Hotel Marriot de Islamabad, Pakistán, retornar a
sus operaciones completas después de aquel
ataque terrorista de Septiembre de 2008, y aún
más para que las vidas de las familias de las
decenas de muertos y cientos de heridos retornen
a la normalidad. Usando un camión lleno de
explosivos, los atacantes dejaron un cráter de
20 metros de profundidad en los alrededores del
lugar. ¿Quién puede contemplar semejantes hechos
destructivos y pensar en otra cosa que las
inocentes víctimas, las propiedades perdidas, y
la forma horrenda en que tantas vidas fueron
afectadas?
Pero alguien debe hacerlo. De hecho, ante el más
devastador de los desastres, la más cruel de las
imágenes de la destrucción, se hace necesaria
una mente clara y aún un corazón frío que se
enfoque en cómo edificar un futuro. Cuando el
agua retroceda, cuando los edificios sean
reconstruidos, cuando las barricadas estén
listas para prevenir futuros bombardeos, la vida
debe continuar. Las familias afectadas necesitan
de los servicios que proveían todos aquellos
negocios devastados. Éstos necesitan de los
ingresos que sus trabajos proveen, y estos
trabajos no existirán hasta que dichas
infraestructuras sean reconstruidas y las
economías sean reconstituidas, muchas veces en
forma virtual desde los escombros. No es,
entonces, despiadado pensar en términos de
avanzar y regresar los negocios a los que fueron
antes del desastre, es necesario.
La “Recuperación del desastre” – o como se lo
conoce también menos emocionalmente pero más
concretamente, “continuidad de los negocios” –
es un elemento crítico de cualquier desastre, y
la gente que la coordina y lidera, debe
mantenerse fuerte frente a los horrores que
puede llegar a enfrentar mientras se recuperan
los sistemas y procesos a una situación similar
a la que fue “normal”. Los Auditores Internos
tienen un rol crítico en esta actividad. Aún
más, la “recuperación del desastre” requiere de
una planificación, ejecución y seguimiento de
actividades – que son las actividades que el
auditor mejor hace. La recuperación del desastre
puede ser, después de todo, visto como el más
crítico de los controles sobre riesgos para una
empresa.
EL ROL ADECUADO
Como director de la consultora “Navigant
Consulting” con base en Atlanta, Michael Keating
ayuda a las compañías a prepararse para lo peor
– y desde entonces sistemáticamente ha
solucionado sus problemas. Él es el primero en
conocer las funciones críticas que los auditores
internos desempeñan en el marco general de la
continuidad del negocio. Y también es el primero
en tomar conocimiento de la absoluta necesidad
de la línea entre “monitorear” y “liderar” que
los auditores internos deben recorrer. Sostiene
que los departamentos de auditoría interna deben
tener la sabiduría de seguir estos simples
lineamientos. Los auditores internos deben estar
involucrados en la fijación de los niveles –
“¿Dónde queremos estar en seis meses? ¿Dónde
queremos estar en dos años?”-, y en el análisis
de qué operaciones son verdaderamente urgentes y
por lo tanto, si tienen mayor exposición.
Molly Latham, gerente de Recuperación de
Desastres en el departamento de IT de la
compañía Southern California Edison Co.
coincide. “No sé si los auditores internos deben
tener participación en la definición de las
políticas,” comenta. “Pienso que eso puede
interferir en su independencia. Pero ciertamente
deberían ser capaces de opinar si las políticas
son adecuadas para mitigar los riesgos y hacer
recomendaciones para fortalecer las políticas
cuando sea necesario.”
Matthew Gagnon, vicepresidente de auditoría
interna de la compañía Foodservice de Rosemont,
Illinois, hace exactamente eso en su empresa.
Allí, el departamento de auditoría interna
revisa los planes de recuperación de desastres y
recomienda mejoras. En caso de desastre, el
departamento debe monitorear los esfuerzos de
recuperación y trabajar con la gerencia para
facilitar una recuperación rápida en caso de
necesidad. Luego de los hechos, su equipo debe
dar asistencia en la documentación de las
lecciones aprendidas y recomendar mejoras.
Así es cómo funcionan las cosas en Key Bank en
Cleveland, donde David Everest trabaja como
vicepresidente de servicios de evaluación de
tecnología. “Los auditores internos no definen
los planes de recuperación de desastres de las
unidades de negocio,” dice. La compañía,
explica, mantiene un grupo que asegura que cada
unidad de negocio tenga su plan de continuidad,
y además, que cada unidad haya identificado los
riesgos claves que puedan afectarlos y contar
con planes para practicar los métodos de
recuperación.
UN PASO FIRME
Los departamentos de auditoría interna necesitan
asegurar que la línea entre “monitorear” y
“liderar” los programas de recuperación de
desastres, esté bien dibujada en la arena de la
empresa. “Las compañías quieren que los
auditores internos sean proactivos sobre los
planes de recuperación de desastres”, explica
Keating, “pero cuanto más proactivos sean, es
más probable que se enfrenten con un ejecutivo
que se detenga y les exija “¿Por qué no te haces
cargo?”’ Este es el riesgo que los auditores
internos corren desde un comienzo, si no
establecen exactamente los lineamientos de su
rol, y de qué forma serán proactivos. La
política de continuidad del negocio debe
establecer quién desempeña cada uno de esos
roles durante y después de una interrupción –
con el mayor detalle posible especificando las
distintas formas de interrupciones, ya sea
naturales o provocadas por el hombre – así como
conocer las diferentes líneas de autoridad que
emergerán en esas situaciones.
El desarrollo de la política no debería llevar
mucho tiempo. Si así sucediera, probablemente
algo se estaría haciendo mal. “No es necesario
encerrarse en un cuarto por tres días para
descubrir cada escollo que impide tener el plan
de contingencia ‘perfecto’”, dice Keating. “Sólo
hace falta delimitar los puntos claves.” De
hecho, aconseja tomar el desafío como si se
pudiera agitar una varita mágica y manejar
perfectamente el desastre. “Ponga esos pasos
‘ideales’ en una política, y haga que el comité
de auditoría y todos lo aprueben”, propone.
“Entonces, el departamento de auditoría interna
no podrá ser forzado a hacerse cargo del
programa en la eventualidad de un desastre.”
El rol adecuado de los departamentos de
auditoría – en realidad, el rol adecuado de
cualquier ejecutivo clave – en una situación de
desastre, es desafiante para muchas compañías,
ya que estos programas son tan diversos, que van
desde planes muy detallados y abarcativos, hasta
ninguno. Muchas compañías en los Estados Unidos
tienen planes de emergencia escritos y formales,
aún sin la existencia de estándares de
certificación en su industria. Es alentador
saber que muchas empresas piensan a futuro un
plan de contingencia, aún sin tener estándares
del mercado como guía. Pero esto implica la
existencia de una vasta gama de planes en el
mercado, que hacen extremadamente difícil saber
si el suyo es bueno, malo o mediocre.
Una reciente encuesta sobre el nivel de
preparación para emergencias, hecha por el
Directorio del Departamento de Seguridad de
Vivienda en Estados Unidos, reveló que alrededor
del 75 por ciento de las empresas con una venta
anual de mil millones de dólares o más,
realizaban auditorías de riesgo en forma
regular. Casi el 70 por ciento de las empresas
con ventas anuales entre 50 y mil millones de
dólares, también lo hacen. Sin embargo, menos de
la mitad de las empresas con operaciones entre 5
y 50 millones de dólares hacen auditorías
anuales de riesgo. Analizando más profundamente
los datos, la encuesta revela que las compañías
que cotizan en bolsa son más propensas a
realizar auditorías de riesgo que las empresas
familiares.
Gagnon dice que él entiende bien la falta de
consenso sobre lo que constituye un programa
ideal de recuperación de desastres, desde la
perspectiva del auditor interno. Generalmente,
los planes de recuperación de desastres que él
tuvo oportunidad de revisar no fueron lo
detallados que él hubiese querido ver. Los
planes muchas veces hacen foco en los aspectos
de recuperación de Sistemas y no contemplan
adecuadamente la recuperación los procesos de
negocio. Muchos planes tampoco consideran los
diferentes tipos de desastres o interrupciones
del negocio, y sus consideraciones particulares.
“De hecho,” dice, “en muchas compañías sólo la
recuperación de los procesos informáticos y de
los sistemas ha sido testeada. Debido a la
publicidad que rodeó a los esfuerzos de
recuperación del ataque del 11 de Septiembre en
los Estados Unidos, y los recientes desastres
naturales, las empresas parecen reconocer que
existe una necesidad de cambiar del concepto de
“recuperación del desastre”, al de “continuidad
del negocio”, donde los dueños de los procesos
de negocio y el departamento de informática
comparten la responsabilidad por la
recuperación. Pero la evolución a una mejor
integración de los aspectos de negocio y los
informáticos en la planeación de la continuidad
de los negocios está recién comenzando.”
LA PRACTICA HACE A LA PERFECCIÓN
La compañía de Kevin Piccoli, el Banco New York
Mellon, encuadraría perfectamente en lo que el
Directorio de la Conferencia llama la categoría
de “empresa” – aquellas con ventas de más de
1,000 millones de dólares al año. Y hace mucho
más que conducir auditorías anuales de riesgo.
Piccoli, su vice presidente ejecutivo, y
anteriormente auditor jefe, destaca que el plan
de Recuperación de desastres que tienen es
extremadamente detallado – en los Estados Unidos
y en todo el mundo. Y, enfatiza, el plan ha sido
probado una y otra vez. “No sólo lo hemos
practicado a ‘alto nivel’”, explica. “Simulamos
una interrupción completa del edificio. A
mediados de Octubre, simulamos tener un edificio
completo derribado. Le dijimos a 3,000 personas
que tenían que dejar inmediatamente sus puestos
y dirigirse hacia el área predeterminada de
evacuación.“ Por supuesto que las compañías en
la industria de los servicios financieros están
fuertemente reguladas, y la reserva federal de
los Estados Unidos requiere a las empresas bajo
su regulación que estén bien preparados en el
proceso de Recuperación de desastres.
La compañía de Piccoli, trágicamente, había
testeado su plan de contingencias de la peor
manera: mantenía sus centros de operaciones en
Manhattan, muy cerca del World Trade Center en
septiembre de 2001. “Nuestro plan funcionó”,
dice ahora. “Obviamente fue una terrible
tragedia, pero nuestro plan para mantener la
gente a salvo y el negocio en funcionamiento lo
más rápido posible funcionó”. Y agrega: “¿Nos
hemos hecho más inteligentes?. Absolutamente.”
Una lección clave que la compañía aprendió, es
que el plan de Recuperación de desastres debe
mantenerse al día. “No debería ser algo a
desempolvar una vez por año”, enfatiza. “Debe
ser constantemente revisado y actualizado.” Su
compañía aprendió que cuando los planes de
contingencia fueron puestos en práctica, algunos
elementos de cómo la compañía opera – sus planes
de negocio en el nivel estructural – habían
cambiado tanto como se lo han permitido los
cambios tecnológicos. Los planes de
contingencia, sin embargo, no habían sido
actualizados para reflejar esas mejoras en los
procesos, y por ende algunas áreas ofrecieron
menos lineamientos para mejorar la situación que
los que hubiesen necesitado.
La experiencia del 11 de Septiembre también
reforzó en Piccoli el valor – en realidad la
necesidad – del aporte de auditoría interna a
medida que los planes de contingencia son
desarrollados y ejecutados. Los departamentos de
auditoría interna, aconseja, deberían estar
involucrados desde el comienzo porque, “son los
que pueden tener una visión corporativa
completa. Ellos ven de principio a fin cómo las
cosas fluyen a través de las diferentes partes
del negocio, desde el inicio de una transacción
hasta su registro en los libros. Por ende ellos
tienen la mejor visión de lo que pasaría si
ciertas cosas fueran desconectadas – y la mejor
visión de cómo reaccionar.” Pero Piccoli
nuevamente remarca que la posesión del programa
no pertenece al ámbito operativo de la auditoría
interna. Los departamentos de auditoría, en
cambio, deben estar involucrados integralmente
como consejeros de sus compañías, identificando
por ejemplo, todos los sistemas que podrían ser
impactados por un tipo particular de
interrupción. Y, por supuesto, el testeo de los
planes de contingencia una vez que son
completados debe formar parte de toda revisión
de auditoría. “Deberíamos revisar los planes
cuando son escritos y formular las preguntas
crudas, las preguntas críticas, como ‘¿se pensó
en todo?’ y ‘¿se evaluaron correctamente los
riesgos?’.” No es cuestión de escribir el plan o
decirle a la gerencia cómo implementarlo. En
cambio, nuestro rol involucra una mirada hacia
el plan de Recuperación de desastre como un
socio independiente, formulando preguntas desde
el aspecto de riesgo como, ‘¿Cómo impacta una
interrupción en otra parte de la compañía en el
plan de contingencia?’”
Keating agrega que los departamentos de
auditoría interna pueden desempeñar otro rol
importante en asegurar que los planes de
contingencia realmente ayuden a la empresa a
recuperarse de un desastre. “Pueden ayudar a
minimizar los problemas analizando
detalladamente los registros de las pruebas en
sus compañías”, dice. “El ejercicio regular debe
estar siempre a la cabeza. El planeamiento de la
Recuperación de desastres es “ejercicio” – el
objetivo es estar más fuertes cada vez.” Los
auditores internos pueden servir muy bien a sus
empresas revisando en forma anticipada los
objetivos de su plan de contingencia, de manera
que puedan dar una segunda vuelta. Por ejemplo,
pueden hacer preguntas como porqué cierto
departamento sólo fue incluido mínimamente en un
plan previo, y cómo se lo está contemplando en
el plan actual.
LA EXPERIENCIA CUENTA
Por supuesto que no hay aporte de la auditoría
interna que pueda mejorar un plan de
contingencia si la gerencia no le destina los
recursos necesarios. Y, desafortunadamente, dar
por hecha la continuidad del negocio es tan
común como dar por hechos otros aspectos
críticos del negocio que suelen ser pasados por
alto cuando no son inmediatamente esenciales.
Diane Fojt, CEO de la compañía Corporate Crisis
Management Inc. de Tampa, Florida, ha asistido a
empresas a planificar y a recuperarse de
desastres por casi 30 años, y aún se sorprende
de cuán poca atención recibe la Recuperación de
desastres – hasta que es demasiado tarde. “En
términos generales, por naturaleza humana, la
gente es complaciente hasta que la devastación o
pérdida ocurre,” dice. “La gerencia tiende a ser
muy despierta en lo intelectual, pero hasta que
la gente sufre algo en carne propia, tiende a no
tener en cuenta su importancia. Ella trabajó con
varias compañías después de la devastación del
huracán Katrina, por ejemplo, y descubrió que
aquellos que habían experimentado el huracán
Camille – que en 1969 con su grado 5 arrasó gran
parte de la costa del Golfo en Estados Unidos –
estaban más abiertas a evacuar rápidamente
durante el desastre de 2005 que aquellas que no
lo habían padecido. “Algunos ejecutivos creían
tener un plan, y muchas veces las leyes los
exigen,” comenta Fojt. “Pero sin la experiencia
personal, esos planes normalmente están en papel
y tienen poca o ninguna posibilidad de éxito”.
Muy a menudo, advierte, los ejecutivos que no
han tenido experiencia personal en el tema de
desastres adhieren fuertemente a los planes de
contingencia cuando ciertamente entran en la
necesidad. “La gente piensa que tiene que
aferrarse a ellos al pié de la letra”, agrega
Fojt, “pero un plan de Recuperación de desastres
tiene que tener flexibilidad y debe responder
por gente con disminución de sus capacidades
cognitivas y psicológicas durante la crisis.
Muchos planes tienden a exhibir un entendimiento
irreal de la teoría del desastre, versus la
realidad de la situación, y la gente con
experiencia de vida tiende a ser mejor
prediciendo los resultados de un plan de
contingencia que aquella que lo ha estudiado
pero nunca lo ha vivido.” Más aún, dice,
recientemente trabajó con un cliente que se
jactaba de su programa tan detallado de
Recuperación de desastres, hasta decirle que su
organización lo había practicado muchas veces.
“Realmente, lo que el cliente afirmaba era que
lo había ‘ensayado’”.
“Eso no es una práctica real del plan”,
concuerda Keating. “El enemigo número uno de la
continuidad del negocio es la complacencia”,
dice. “El límite más importante es la
experiencia personal. Cuanto más experiencia un
ejecutivo haya tenido en lidiar con los
problemas y desafíos en la Recuperación del
desastre, más propenso será a invertir en la
continuidad del negocio.
Muchas veces, la falta de foco en este tema –
especialmente desde la contribución de auditoría
interna – no es el resultado de ejecutivos
cortos de vista o faltos de real experiencia en
desastres. Muchas veces simplemente no asignan
fondos para este programa, y muchas otras, las
muchas obligaciones inmediatas se interponen.
Keating comenta que, cuando se activó por
primera vez la ley Sarbanes-Oxley en 2002, su
departamento había programado un montón de
grandes proyectos, pero nunca pudo comenzar
ninguno de ellos. “El dinero fue redestinado a
este asunto por completo. Y era comprensible
porque la gente podía ir a la cárcel si los
reportes no estaban hechos correctamente.”
Gagnon vió lo mismo, pero en su experiencia la
falta de asignación de presupuesto para atender
los planes de contingencia en los departamentos
de auditoría, es el simple resultado de una
economía con problemas. Los presupuestos,
puntualiza, están siendo recortados en todas las
áreas en todo el mundo.
NAVEGANDO EN AGUAS TURBULENTAS
En el análisis final, los auditores internos
pueden navegar en los programas de Recuperación
de desastres de sus compañías, y más importante,
ser parte de ellos, si recuerdan una cosa: la
Recuperación de desastres es sólo una parte de
la continuidad de los negocios. Cualquier
situación que impida a una empresa desarrollar
normalmente su negocio – vender, manufacturar
productos, o proveer servicios – representa un
riesgo empresario, y cualquier cosa que
represente un riesgo empresario está dentro de
las responsabilidades de un auditor. De hecho,
ya sea que la interrupción de negocio sea
provocada por un desastre natural, un acto de
terrorismo, o un accidente causado por un error
humano, los riesgos para la empresa son los
mismos: no lograr lo que necesita lograr para
permanecer en el negocio. El rol del auditor
interno ante un huracán, por ejemplo, debería
ser esencialmente el mismo que en una
adquisición corporativa o una huelga en una
planta de manufactura: ayudar a la gerencia a
ver, entender y mitigar los riesgos que el
imprevisto representa.
“Como profesional de la continuidad del negocio,
no estoy tan preocupado por la naturaleza del
escenario del desastre, como lo estoy acerca de
sus efectos en el negocio”, explica Lartham. “Si
una planta u oficina es inaccesible, el negocio
está igualmente afectado sea que lo cause un
terremoto o una inundación”.
Keating coincide. De hecho como consultor,
expresa, para sus clientes, el tipo de
interrupción de negocio se genera dentro de las
cuatro paredes de la corporación, más que lo que
sería generado por un viento o lluvia. “La peor
clase de ‘desastre’ desde la perspectiva de un
auditor interno sería aquel que involucre culpa
o genere amenazas para la compañía,” dice. “En
este momento no querría formar parte de
auditoría interna en alguna de las compañías
afectadas recientemente por los escándalos
financieros, como en AIG o Freddie Mac.” En
cualquier oportunidad en que la empresa es más
que una víctima, agrega Keating, los directivos
pueden manejar la culpa y la indignación,
mientras no echen a perder su respuesta – que es
exactamente lo que el CEO de Mattel hizo cuando
parecía que uno de sus juguetes había sido
contaminado en la fábrica que la compañía tiene
en China. Primero culpó a China por el retiro
masivo del producto del mercado, y unos días
después pidió disculpas. “No pudo tener la razón
en ambas situaciones,” puntualiza Keating. “Y
aquellas interrupciones tienden a tener
realmente largas colas. Por otra parte, un
desastre natural como el Huracán Ike, aún cuando
es un desastre terrible, presenta una cuota
bastante más previsible de recuperación. Hay
menos partes móviles en eventos que sucedieron
en el pasado y para los cuales hay un registro
guardado de la recuperación.”
La parte final es que, básicamente, los
auditores internos deben ser los “Ciudadanos del
mundo”, como para hablar, ante un desastre –
ofreciendo cualquier ayuda a quien más la
necesitare – y a los consultores expertos en el
negocio inmediatamente después. “Cuando sea
necesario, sacarse el sombrero de auditor,
remangarse y trabajar hombro a hombro con la
gerencia para recuperar el negocio y sacarlo
funcionando.” urge Gagnon. Piccoli agrega que la
auditoría interna es a menudo los ojos y oídos
de la gerencia y, como tales, su aporte en un
desastre es absolutamente vital para ayudar a
ver que los recursos sean correctamente
asignados donde se necesitan, y que la empresa
esté utilizando sus conocimientos para ayudar al
negocio. Por supuesto que cuando una tragedia
golpea, los auditores internos dejan de ser
auditores internos, así como, digamos, los
directores de recursos humanos dejan de ser
directores de recursos humanos, y los gerentes
de planta dejan de ser gerentes de planta. Todo
el mundo es un compañero de trabajo cuando la
empresa está en riesgo, y todo el mundo --
auditores internos incluídos -- necesitan poner
sus asuntos personales a un lado y hacer lo que
sea necesario para sacar lo mejor de una
situación mala.
Para comentar este artículo, envíe un e-mail al
autor a : russell.jackson@theiia.org
Traducción de
Leticia Quiroga, CIA, para el Instituto de
Auditores Internos de Argentina.
Este artículo fue extraído de la revista
INTERNAL AUDITOR publicada por The Institute of
Internal Auditors, Inc, www.theiia.org , número
de Diciembre de 2008, y su traducción y
publicación fue autorizada por The IIA al
Instituto de Auditores Internos de Argentina.
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